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Hoy en día, son pocos los que ponen en duda que el clima está cambiando por la actividad humana (Cuarto Informe de Evaluación de 2007 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático). Las iniciativas mundiales para abordar el cambio climático están resultando ser un estrepitoso fracaso: desde que se firmó el renombrado Protocolo de Kioto (1997), las emisiones globales de gases de efecto invernadero no han dejado de aumentar a un ritmo cada vez más rápido y las emisiones de combustibles fósiles se han triplicado.

La transición hacia un modelo postpetróleo es inevitable, pero en lugar de comenzar con el proceso, se está retrasando con trampas como es “el MERCADO DE EMISIONES”; otra genialidad del capitalismo verde. Este mercado, creado en Kioto y puesto en marcha en el 2005, otorga unos Derechos de Emisión (EU ETS/paquete Tn CO2/año) a cada gran instalación industrial (más de 10.000 en Europa, 1.056 en España). Aquellas que al acabar el año hayan emitido menos de lo que les permite el cupo lo pueden poner a la venta en el Mercado de Carbono Europeo/RCCDE, que funciona como una bolsa que se rige por la oferta y la demanda, el precio lo fija el mercado. En 2010 sus transacciones alcanzaron las 5.473 millones de Tn de CO2 por un valor de 70.000 millones de €.

El comercio de emisiones (Climex-Sendeco2/España, Eex-IPE /Alemania, Powernext/Francia, ECX/Reino Unido, EXAA/Austria y Nordpool/Escandinavia) se presenta en dos formatos: el sistema de ‘tope y trueque’ y el sistema de ‘compensaciones’.

Los derechos de contaminación concedidos a las empresas privadas en el marco de ‘tope y trueque’ se han otorgado gratuitamente (asignación por derechos adquiridos, es decir, basándose en los datos no contrastados de emisiones de años anteriores), lo cual ha supuesto que las industrias que más han contaminado en el pasado se ven recompensadas con las subvenciones más importantes. Este excedente de cupos han entrado en el Mercado de Emisiones generando abultados beneficios a estas empresas sin que hayan tenido que limitar sus emisiones de gases de efecto invernadero.

El segundo mecanismo del comercio de emisiones es el sistema de compensaciones, que se basa en lugar de reducir las emisiones en el origen, las empresas pueden financiar ‘proyectos de ahorro de emisiones’ fuera de su territorio. En el mejor de los casos, este sistema se ha limitado a desplazar las ‘reducciones’ hacia donde resulta más barato realizarlas, lo cual se ha traducido en un traslado del regulado Norte al Sur aún sin los controles necesarios y como consecuencia real en un aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero. Las empresas que han adoptado este mecanismo han tenido excedentes de cupos de contaminación que los han vendido en el Mercado de Emisiones.

La consultora Point Carbon en un estudio para evaluar la magnitud de los “beneficios” en los sectores eléctricos de Alemania, Reino Unido, España, Italia y Polonia en relación con la segunda fase del Mercado de Emisiones/ETS hasta 2012, llega a la conclusión de que podría llegar a ser de 71.000 millones de €.

En la actualidad, el precio de mercado de estos Derechos de contaminación es muy bajo porque la demanda se ha desplomado por, entre otras razones, la crisis; al mismo tiempo que el suministro se mantiene constante. En 2013, había un exceso de alrededor de 2.000 millones de Tn de CO2 en Derechos comparado con las emisiones reales, que podría alcanzar los 2.600 millones en el horizonte de 2020.

Para evitar las pérdidas en las empresas con Derechos contaminantes (Eléctricas, cementeras, transporte,…) el Parlamento Europeo votó en julio de 2013 a favor de no seguir entregando Derechos y crear una Reserva que con nuestros impuestos compre a estas empresas los Derechos excedentes y evitar su depreciación. Ecuación de lógica mercantil sino fuese porque los Gobiernos les otorgaron esos Derechos para contaminar gratuitamente.

Como en muchos otros temas, confiar en la capacidad de los actuales Gobiernos para aportar acciones que conduzcan a medio plazo a facilitar una transición hacia modelos de desarrollo compatibles con los recursos del planeta es una quimera.  Solo podemos creer en un cambio en la conciencia colectiva que impulsan numerosas iniciativas privadas puestas ya en marcha y en las que están aún en la nebulosa de su implantación.

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